En la intervención con niños víctimas de abuso sexual
se ha comprobado que es más fácil que el niño exprese su
experiencia a través de un animal que intentando dirigirse
directamente al terapeuta (Más, 2.001). Trasladando este
fenómeno al caso de la relación niño-animal podemos
suponer que el niño que adquiere el hábito de dirigirse al
animal con el que convive desarrollará, en efecto, su capacidad
expresiva, aunque en esta conducta hay que considerar
otros factores tales como las características de personalidad
del niño y el entorno en el que la interacción se
produce.
El animal de compañía desarrolla en las personas la
necesidad de comunicar, la potencia y la perfecciona.
Levinson (1964) ya afirmó que "un niño que tiene grandes
dificultades en explicarnos sus sentimientos en cuanto a sus
ilusiones o a sus relaciones `suelta la lengua’ al hablar de sus
problemas con su animal". Más tarde Condoret (1977) comprobó
que los niños expuestos al vínculo con un animal
mejoraban en la capacidad de expresión verbal.
Pero, ¿por qué mejora la capacidad verbal?: quizá la
afirmación mas simple, aunque no por ello menos
importante, es porque se practica. No es fácil expresar
emociones, afectos y cosas que tengan que ver con la
subjetividad de uno mismo; sin embargo, con los animales
se hace. Esta práctica conlleva una generalización
externa al propio vínculo con el animal.
Es obvio que la siguiente pregunta a plantearse es por
qué es más fácil expresarse cuando nos dirigimos a un
animal que a una persona. Está claro que en la interacción
con los animales no están presentes algunos de los problemas
que aparecen en la comunicación entre humanos:
Nunca la comunicación con un animal está influida
por el miedo a causar una impresión que no corresponda
a nuestra "propia imagen" (a la imagen que
queremos que de nosotros se tenga).
Digamos lo que digamos no habrá cambios en el receptor
animal; ni la forma ni el contenido romperán el
vínculo por parte del animal. Nada cambiará en él
con respecto a nosotros. Sabemos que su afecto y
lealtad seguirá constante.
Podemos iniciarla y terminarla cuando nosotros
libremente deseemos o decidamos.
En definitiva, no implica ningún riesgo.
Para concluir este punto, quiero resaltar que es precisamente
esta característica, la comunicación, la que más
se ha utilizado como coadyuvante terapéutico, tanto para
aspectos físicos y fisiológicos, como para aspectos
psicológicos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario